jueves, 9 de mayo de 2013

NOS ATRAVESÓ LA MAREA


Nos atravesó la marea,
y trajo consigo los reproches de las horas perdidas,
de los sueños interrumpidos, 
de las tazas partidas. 

Ni el café con leche, ni la leche, ni el café, 
ni las ganas, ni los besos, 
pudieron manifestarse cuando todavía había tiempo.

Doce horas tarde.

La verdad ya se había ido corriendo por el pasillo, 
yo intentando alcanzarla 
y tu mintiendo, como siempre. 

Como si mi cara fuera de piedra, 
y mis ojos no detectaran la ausencia de los tuyos. 

Dos veces repetí para adentro que debía esperarte, 
dejar que tus manos hablen y me demuestren que querías quedarte.

El tren llega pronto, y mis maletas están en la estación. 
Sigues mirándome y reprochándote las excusas,
el tiempo te sopla las narices pero no vas a hacer nada. 

Yo voy a esperar, cuando el tren venga, que el viento te haya empujado hasta aquí.
El viento dejara de soplar sin ni siquiera asomarte. 

Nos golpeó el agua, nos ahogó en llanto, nos emborrachó en horas.

Las pieles gastadas ya no quisieron cubrir al cuerpo, 
los huesos huyeron desangrados, la mirada se perdió. 

Nos pasaron los días y las horas como misiles, 
a través del cuerpo y de la ropa que ya nos habíamos quitado. 

No he dejado de amarte, pero el tiempo es inevitable. 

NO HE PODIDO VOLVER A VERTE


No he podido volver a verte.

El café ya está frío, 
apenas voy a calentarlo 
y a reprocharme no haber podido volver a verte.

Ya sé, los años han pasado para los dos,
pero las grietas para mí no se han cerrado. 

Tu silencio está latente en mi habitación, 
la ausencia de las palabras de despedida
parecen acosarme al intentar dormir. 

Lo siento, no he podido volver a verte. 

Ni mis ojos ni mis manos quieren volver a hacerlo. 
Se retuercen y se cierran al pensar en encontrarte.

FUIMOS DOS


Te vistes de azul y te confundes con la noche, tus ojos negros se van, y me dejan aquí sentada. 
El tiempo va a pasar y los días van a atropellarse. Fuimos dos.
El agua que cae del cielo, golpea mi frente cubierta de culpa. Mi llanto y el río que corre por dentro se descontrolan. Nada hace que olvide las promesas, los platos rotos, los estados indecisos.
Fuimos dos pares de manos abrazadas y eternas en el silencio. Mis ojos quieren irse de aquí también. 
Las palabras que usamos para referirnos a nosotros y a nuestro vínculo le han dado vida a cientos de fantasmas. Nuestros recuerdos le dan forma ahora a algo que creímos que fuimos. Hemos cambiado de color, estamos empezando a desvanecernos. 
Fuimos dos.
Los autos que pasan insistiendo en moverse, y yo permaneciendo en la quietud. Intento agarrar algo de lo que hicimos cuando hicimos algo, y todo se escurre entre reproches y cosas que nunca sabremos cómo sucedieron en realidad. Fuimos dos cuerpos amarrados, donde los límites se confundían y adivinabamos nuestros pensamientos. 

Ha quedado de todo aquello solo un poco de arena. 

EL PASTO, LA LUZ, EL AGUA.


Eres el hombre, el pasto fresco en la mañana, las horas. 
Eres el perro que camina a mi lado en el parque, disimulando la espera.
Eres la luz, el agua de mar, la sal del agua y las lágrimas.
Eres de fuego, de noches oscuras y de miel.
De sábanas, de cabellos revueltos y manos despeinadas. 
Eres la ruta y el norte.
La esquina donde doblamos de imprevisto y reimos sin parar.
Eres las cosquillas en la panza y el souvenir.
Aunque mis ojos parezcan de piedra, han percibido tu mirada. 
Esos dos ojos de gacela que acecha primero y luego juega… hasta que atora a la presa y la devora. 
Me has comido con los ojos, esos ojos, los tuyos, oscuros como el hueco sórdido que deja el insomnio en mi cama de noches como ésta. 
Aunque mis manos parezcan atadas, he podido abrazarte. 

Pero así eres.. el hombre, el pasto, la luz, el agua… libre. 
Y así vuelas, y te mueves, y tus pies se trasladan flotando de lugares antiguos a nuevos lugares, 
y si volteo sin encontrarte ya no te busco, sé bien a donde vas. 

Así eres. Más alto que las nubes, y de sólo pensar, si tus ideas son intensas les dan forma al cielo, y aparecen figuras de colores. 

Así somos, dos cuerpos que se atraen y se repelen dependiendo del uso horario. 
Dos seres que merecen quedarse juntos y disfrutarse pero adoran despedirse a diario. 
Asi estamos, intentando adivinarnos, persuadiendo el instinto, ahuyentando algunos fantasmas, invitando a otros. 
A esos lugares vamos.  A donde los signos de pregunta no existen y todo se da por sentado. Donde el amor tiene forma de árbol y de pez y es violeta. Así queremos construir esto. Así podemos hacerlo y no de otra forma. 

ENTONCES TENGO QUE CERRAR LA PUERTA


Entonces tengo que cerrar la puerta. Hay algo ahí afuera que me mira.. y no deja de hacerlo. De repente la comodidad de mi casa, de mis trapos y mi ropa sucia empieza transformarse en algo malo, me miro y descubro en mí el abandono. Tengo que decidir si permanecer así y adentro, o cambiar y mudarme afuera. 

Los días están raros, llenos de coincidencias y casualidades que me dan miedo. Siento que unos hilos me sujetan y me mueven para encontrar lo que me encuentro, para perder lo que he perdido. 

Que tristeza, que tristeza saberte en el pasado. Fuimos tan uno, fuimos tan sólidos. ¿Qué se puede hacer con el tiempo que ya no existe?, ¿qué se puede hacer con estas lágrimas aburridas de salir por lo mismo de siempre?, ¿qué se hace con la nostalgia, el deseo y la incertidumbre?.

Entonces en medio de la marea aparece alguien. Agarra las flores del jardín que invento y me las regala todas, sin excepción alguna. Algunas están un poco feas pero las arregla y me las da, tienen un perfume hermoso que invade la tarde. Me mira con sus ojos grandes y negros y me invita a caminar. Y camino, me muevo, me salgo del lugar horrible y azul en el que vivo. Me salgo y encuentro ahí afuera otros colores. Me da miedo, respiro, tomo con calma el devenir de las cosas, es intenso, es abrumador, es cálido y tenebroso. Tengo miedo, miedo de mi misma, comportando así de nuevo. No quiero más el llanto, ni el desencuentro. Me lleva a mi casa y me deja en la puerta. Subo las escaleras y me entierro en mi cama. Los pensamientos se golpean para aparecer primero. Vuelvo a sentirme azul, y ni las flores, ni la caminata alcanzan. Tengo miedo, el miedo se respira, los perros lo saben. ¿A dónde voy con ese aroma que perfuma la tarde? ¿a dónde voy con esos ojos negros?, ni sé si quiero moverme de donde estoy.

Fuimos tanto.. ¿donde quedó eso que fuimos ahora?. ¿Desaparecio simplemente? ¿donde mueren esos recuerdos? ¿mueren realmente? Siento que viven eternamente para abastecerse del pasado y revivir plenamente en nuestros momentos de escaces. ¿Como se hace para ser y pretender que no somos todo lo que ya somos? ¿Se puede reinventar la forma de amar, la forma de mirarnos?

Invaden no solo tus días sino otros días los días nuevos. Una lucha constante con el atardecer para que deje de ser tan bello y recordarme el pasado. Nostalgia pura de los verbos que nos dijimos, y de los que no nos dijimos también.
Ansiedad por lo que no está donde estaba, por las cosas y el tiempo que cambia de lugar. 

¿Volveré a ser algo algún día? ¿Pájaro o gato tal vez? ¿TAvolveré algún día a pasarme la tarde en la cama con una sonrisa en la cara simplemente por que si?

ENTONCES APARECEN TUS OJOS


Entonces aparecen tus ojos, mirándome desde el oscuro rincón del cuarto que habito. 
Despierto casi derramando el aire por volver a verte.
Te busco, es falso.
No están ahí tus ojos, aunque parecieran hablarme. 
Me quedo un momento… respiro. 
Has asaltado las horas de mi sueño y te has metido entre mis párpados para llamarme.

¿Será que estas cerca?
¿Será que puedes verme?

Han venido tus manos a robarme la única paz que tenía. 
Te han salvado mis besos ausentes de esta agonía, y has huído hiriendo la lengua por no hablarme. 
Pero entonces… ¿Eran esos tus ojos? 
Me agarran tus ganas de romper el tiempo, me inundan las ansias de matarte. 
Todo lo que alguna vez fue dicho en la cama, lo hemos llevado junto con las sábanas a la lavandería. 
Me quedo un momento… respiro.
Se han cerrado del rincón tus ojos, han oído tu vientre mis pasos. 
No estás lejos, puedo olerlo… no están tus gestos dormidos. 

PERRO LUNAR


Si el perro que me despierta cada tarde, supiera volar. 
¿Donde iría?
.
.
.
.
.
.
A la luna, sin duda. 

LA AUSENCIA



El espejo vacío pide gritando que se aparezcan tus ojos encima suyo.
Respiro tu ausencia y algo de lo que pasa en este lugar va a empezar a matarme.
El silencio de tu voz impide que duerma de noche.
Uno de nosotros ha dejado de querer, y no soy yo. 
Uno de nosotros está gritando.
El timbre suena despiadadamente hoy sábado por la tarde. 
Duermo inconsciente del mundo como hace ya varios días. 
La llave en la puerta despierta mi olfato y me levanto de la cama apretada. 
El pijama arrugado y mi pelo revuelto demuestran que no hace poco que me he acostado.
Pensé en este momento las últimas doscientas horas. 
Mientras tu cuerpo y tus ojos permanecieron en otro lado, en casa el abismo se hizo lugar. 
Te llame por tu nombre y me evitaste.
  • Use mis llaves porque no me atendiste. 
Dijiste y llenaste el aire con tu silencio.
Mis ojos denuncian dolor y llanto. 
Mis manos evocan tu cuerpo en la cama y tus manos recogen la ropa del armario.

Hace quince días que te espero. Pude decirte.
Hace mas de quince días que me fui… respondiste.



("Uno de nosotros ha dejado de querer, y no soy yo.
uno de nosotros está gritando." Citado de "LOS GRITOS" de Daniel García)

UN DÍA. UN MILAGRO


Despierto. El día aparenta ser igual a otros días. No he podido diferenciar los últimos veinte. Me cebo un amargo y pienso: cúantos días, cuántos amargos… ¿y a dónde vamos con todo esto?. Anoche dormí pensando en que hoy ocurriría un milagro. No se si ha ocurrido aún porque no me atrevo a averiguarlo. Si compruebo que ha ocurrido debo hacerme responsable del cambio, de la mejoría, y avanzar. Si no ha ocurrido, será trágicamente un día peor a los demás. Porque he depositado mis esperanzas y ha sido un fracaso. 

DESTELLOS DE UNA HUIDA SIN RETORNO


Hace doce días que la noche interrumpe bruscamente mi tarde, volviendo la noche más larga que el día. Si el problema fuera sólo una cuestión de duración, sería poco. El problema es la intensidad. La noche se empecina en hacerse notar, árida y trágica como el desierto. 

LOS OJOS DE LA NOCHE


Cierra los ojos la noche y me sumerge entre sus párpados haciéndome besar un suelo, que ni desconocido ni ajeno me lleva justo a tus labios. Mi pelo se enrieda en el agua y pierdo allí mi ropa. Volaremos mi amor, lo sé… caeremos suave sobre las horas y descansaremos el alma. 

Cuando la noche despierte, volveremos a sentir el frío y nuestros pies de barro se irán desarmando en la arena de los relojes que nos apuran, y es el tiempo el que vuela mientras nosotros caminamos y corremos intentando alcanzarlo. 

No me preocupa el día siempre y cuando, termine a diario. Cuando el sol se vaya correré de nuevo a buscarte entre las olas de ese mar de silencios que guarda todos los besos que tenemos para decirnos.

AMO A MI PAPÁ


Amo a mi papá porque es valiente, porque se enfrenta a diario con el mundo entero para que yo no tenga que verlo tan de cerca.

Amo a mi papá porque sueña cada noche, pero lo amo más porque sueña cada día, porque pelea por sus deseos hasta hacerlos realidad, los amasa, los disfruta, llenándo de vida a quienes lo rodeamos.

Amo a mi papá porque es grande, y no hablo de edad ni de tamaño, hablo de “grandeza”, y ese estado se alcanza después de haber saltado algunos baches, después de haber dormido incómodo y de perder la cabeza intentando resolver problemas. 
Después de haberse equivocado y con el corazón en la mano: aceptarlo, después de haber podido mirar hacia atrás y perdonar… y perdonarse. 

Es grande porque se cuestiona a sí mismo, casi a diario. 

Es grande porque se pone a prueba y a veces pierde, y aún así gana la certeza de estar vivo y poder cambiar. 

Es grande porque adentro, bien adentro de su mirada sabe a dónde va. 

Es inmenso porque cree en quién es, mas allá de quién sea. 

Es grande porque sabe amar, y deja que lo amen. 

Amo a mi papá porque es mi papá, pero sobre todo porque lo es de una manera maravillosa. 

AMARILLOS OJOS


Amarillos ojos, llenos de miel y caos,
atormentando tu lengua púrpura que se agota y sofoca
y dice cosas... que no debe decir.

Verde agua tus dedos que flotan
en el mar de mi pelo y se ahogan,
llorando aguas de río que se secan en mi piel. 

Rojos tus besos de arándanos,
de flores campestres y ruido, 
de ciudad interminable, de sombras y olor a tabaco usado. 

EL ULTIMO CIGARRO


¿Qué nos pasó? Preguntaba, 
mientras el humo llenaba de blanco su rostro, 
y su piel de tabaco que luego le costará quitar, 
y cuando lo haga, recordará el dolor con que fumó aquel cigarrillo, 
el último de la cajetilla, 
y el último de la relación.  

DIEZ AÑOS ATRÁS

Viene con el aire el aroma de diez años atrás.
Pasto mojado, carne asada y reir.
Éramos frágiles, como de arena.

Teníamos los ojos grandes, sabíamos mirar.
Tu cabeza estaba tan lejos del suelo.
Alto, arriba, grande... inalcanzable.

Cada tanto bajabas del cielo a darme un abrazo.
Después sacabas de nuevo la cabeza y saludabas una nube.
Yo estaba en las nubes.

Con el aroma de diez años, viene también el tiempo.
¿Cómo se pasa así volando?
En qué momento, que no recuerdo empecé a decidir lo que decido.

El silencio fue entonces, y ahora un compañero.
Sin poder decirte mucho, los ojos hablan, compañero.
Si tus ojos me dijeran algo ahora, ¿Qué sería?


EL DIA SIN



ALMUERZO CON TUS PALABRAS EN MI LLANTO, 
ME AHOGAN LAS RISAS… LA MAÑANA. 

DESAYUNO LOS BESOS QUE NO NOS DAMOS, 
LAS MANOS QUE NOS SOLTAMOS… LOS DÍAS. 

ESCUCHO EN LOS PÁJAROS AL AIRE,
Y VUELO.

ME SALGO POR LA VENTANA, Y CAIGO.
SUEÑO CAYENDO, SUEÑO CAÍDO.
NO VUELO. 

ESCUCHO UNA VEZ Y OTRA VEZ TUS PASOS,
SE VAN A LA PUERTA Y SE CIERRAN.
SE CIERRAN TUS PASOS, SE CIERRA LA PUERTA.