Despierto. El día aparenta ser igual a otros días. No he podido diferenciar los últimos veinte. Me cebo un amargo y pienso: cúantos días, cuántos amargos… ¿y a dónde vamos con todo esto?. Anoche dormí pensando en que hoy ocurriría un milagro. No se si ha ocurrido aún porque no me atrevo a averiguarlo. Si compruebo que ha ocurrido debo hacerme responsable del cambio, de la mejoría, y avanzar. Si no ha ocurrido, será trágicamente un día peor a los demás. Porque he depositado mis esperanzas y ha sido un fracaso.
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