martes, 12 de febrero de 2013

LAS HORAS

Respirar, mirar hondo... dejar que el tiempo pase.
Entender, pretender hacerlo... dormir.
Hojas azules... párpados inmóviles de insomnio.
Palabras obscuras que ocultan el único verbo verdadero.
Horas que se le caen al reloj, minutos que corren.
Mi vientre despierta, come, destruye y nace.
No puedo ni siquiera escribir.

BOSQUE

Intento que el aire entre por mis ojos y respiro tu ausencia, inevitable.
Después de meses de vivir en tierras de madera escondida, despierto en el árbol mas alto del bosque. No se saltar, no puedo. 
He vivido allí estos últimos años, la distancia la percibo como un agridulce bienestar. 
Hay cosas que no he podido olvidar, hay vasos que no alcancé a llenar. 
Lágrimas de oro inundaban las hojas del árbol y parecían flotar inquebrantables entre las ramas. Tus dedos de bronce eran eternos en mi pelo, podían parar la arena del reloj. 
Busco e inundo el espacio con palabras huecas. Rebotan en las paredes, se caen, se resbalan y mueren en el piso. 
Nadie vino a buscarlas, nadie supo de ellas, todas terminaban con un signo retorcido que se apretaba el estomago para no morir de sed. Un punto, una linea, rayas que atraviesan mi cabeza y mi corazón. 
He venido a verte de nuevo, de lejos, pequeño como una hormiga a la que podría aplastar con un meñique. 
Ya dejo de hablar, no te preocupes, no te gusta escuchar y lo sé. 
Si vas al árbol y ya no estoy no preguntes, el bosque sabe esconder.