Te vistes de azul y te confundes con la noche, tus ojos negros se van, y me dejan aquí sentada.
El tiempo va a pasar y los días van a atropellarse. Fuimos dos.
El agua que cae del cielo, golpea mi frente cubierta de culpa. Mi llanto y el río que corre por dentro se descontrolan. Nada hace que olvide las promesas, los platos rotos, los estados indecisos.
Fuimos dos pares de manos abrazadas y eternas en el silencio. Mis ojos quieren irse de aquí también.
Las palabras que usamos para referirnos a nosotros y a nuestro vínculo le han dado vida a cientos de fantasmas. Nuestros recuerdos le dan forma ahora a algo que creímos que fuimos. Hemos cambiado de color, estamos empezando a desvanecernos.
Fuimos dos.
Los autos que pasan insistiendo en moverse, y yo permaneciendo en la quietud. Intento agarrar algo de lo que hicimos cuando hicimos algo, y todo se escurre entre reproches y cosas que nunca sabremos cómo sucedieron en realidad. Fuimos dos cuerpos amarrados, donde los límites se confundían y adivinabamos nuestros pensamientos.
Ha quedado de todo aquello solo un poco de arena.
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