Entonces aparecen tus ojos, mirándome desde el oscuro rincón del cuarto que habito.
Despierto casi derramando el aire por volver a verte.
Te busco, es falso.
No están ahí tus ojos, aunque parecieran hablarme.
Me quedo un momento… respiro.
Has asaltado las horas de mi sueño y te has metido entre mis párpados para llamarme.
¿Será que estas cerca?
¿Será que puedes verme?
Han venido tus manos a robarme la única paz que tenía.
Te han salvado mis besos ausentes de esta agonía, y has huído hiriendo la lengua por no hablarme.
Pero entonces… ¿Eran esos tus ojos?
Me agarran tus ganas de romper el tiempo, me inundan las ansias de matarte.
Todo lo que alguna vez fue dicho en la cama, lo hemos llevado junto con las sábanas a la lavandería.
Me quedo un momento… respiro.
Se han cerrado del rincón tus ojos, han oído tu vientre mis pasos.
No estás lejos, puedo olerlo… no están tus gestos dormidos.
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