jueves, 9 de mayo de 2013

ENTONCES APARECEN TUS OJOS


Entonces aparecen tus ojos, mirándome desde el oscuro rincón del cuarto que habito. 
Despierto casi derramando el aire por volver a verte.
Te busco, es falso.
No están ahí tus ojos, aunque parecieran hablarme. 
Me quedo un momento… respiro. 
Has asaltado las horas de mi sueño y te has metido entre mis párpados para llamarme.

¿Será que estas cerca?
¿Será que puedes verme?

Han venido tus manos a robarme la única paz que tenía. 
Te han salvado mis besos ausentes de esta agonía, y has huído hiriendo la lengua por no hablarme. 
Pero entonces… ¿Eran esos tus ojos? 
Me agarran tus ganas de romper el tiempo, me inundan las ansias de matarte. 
Todo lo que alguna vez fue dicho en la cama, lo hemos llevado junto con las sábanas a la lavandería. 
Me quedo un momento… respiro.
Se han cerrado del rincón tus ojos, han oído tu vientre mis pasos. 
No estás lejos, puedo olerlo… no están tus gestos dormidos. 

PERRO LUNAR


Si el perro que me despierta cada tarde, supiera volar. 
¿Donde iría?
.
.
.
.
.
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A la luna, sin duda. 

LA AUSENCIA



El espejo vacío pide gritando que se aparezcan tus ojos encima suyo.
Respiro tu ausencia y algo de lo que pasa en este lugar va a empezar a matarme.
El silencio de tu voz impide que duerma de noche.
Uno de nosotros ha dejado de querer, y no soy yo. 
Uno de nosotros está gritando.
El timbre suena despiadadamente hoy sábado por la tarde. 
Duermo inconsciente del mundo como hace ya varios días. 
La llave en la puerta despierta mi olfato y me levanto de la cama apretada. 
El pijama arrugado y mi pelo revuelto demuestran que no hace poco que me he acostado.
Pensé en este momento las últimas doscientas horas. 
Mientras tu cuerpo y tus ojos permanecieron en otro lado, en casa el abismo se hizo lugar. 
Te llame por tu nombre y me evitaste.
  • Use mis llaves porque no me atendiste. 
Dijiste y llenaste el aire con tu silencio.
Mis ojos denuncian dolor y llanto. 
Mis manos evocan tu cuerpo en la cama y tus manos recogen la ropa del armario.

Hace quince días que te espero. Pude decirte.
Hace mas de quince días que me fui… respondiste.



("Uno de nosotros ha dejado de querer, y no soy yo.
uno de nosotros está gritando." Citado de "LOS GRITOS" de Daniel García)

UN DÍA. UN MILAGRO


Despierto. El día aparenta ser igual a otros días. No he podido diferenciar los últimos veinte. Me cebo un amargo y pienso: cúantos días, cuántos amargos… ¿y a dónde vamos con todo esto?. Anoche dormí pensando en que hoy ocurriría un milagro. No se si ha ocurrido aún porque no me atrevo a averiguarlo. Si compruebo que ha ocurrido debo hacerme responsable del cambio, de la mejoría, y avanzar. Si no ha ocurrido, será trágicamente un día peor a los demás. Porque he depositado mis esperanzas y ha sido un fracaso. 

DESTELLOS DE UNA HUIDA SIN RETORNO


Hace doce días que la noche interrumpe bruscamente mi tarde, volviendo la noche más larga que el día. Si el problema fuera sólo una cuestión de duración, sería poco. El problema es la intensidad. La noche se empecina en hacerse notar, árida y trágica como el desierto. 

LOS OJOS DE LA NOCHE


Cierra los ojos la noche y me sumerge entre sus párpados haciéndome besar un suelo, que ni desconocido ni ajeno me lleva justo a tus labios. Mi pelo se enrieda en el agua y pierdo allí mi ropa. Volaremos mi amor, lo sé… caeremos suave sobre las horas y descansaremos el alma. 

Cuando la noche despierte, volveremos a sentir el frío y nuestros pies de barro se irán desarmando en la arena de los relojes que nos apuran, y es el tiempo el que vuela mientras nosotros caminamos y corremos intentando alcanzarlo. 

No me preocupa el día siempre y cuando, termine a diario. Cuando el sol se vaya correré de nuevo a buscarte entre las olas de ese mar de silencios que guarda todos los besos que tenemos para decirnos.

AMO A MI PAPÁ


Amo a mi papá porque es valiente, porque se enfrenta a diario con el mundo entero para que yo no tenga que verlo tan de cerca.

Amo a mi papá porque sueña cada noche, pero lo amo más porque sueña cada día, porque pelea por sus deseos hasta hacerlos realidad, los amasa, los disfruta, llenándo de vida a quienes lo rodeamos.

Amo a mi papá porque es grande, y no hablo de edad ni de tamaño, hablo de “grandeza”, y ese estado se alcanza después de haber saltado algunos baches, después de haber dormido incómodo y de perder la cabeza intentando resolver problemas. 
Después de haberse equivocado y con el corazón en la mano: aceptarlo, después de haber podido mirar hacia atrás y perdonar… y perdonarse. 

Es grande porque se cuestiona a sí mismo, casi a diario. 

Es grande porque se pone a prueba y a veces pierde, y aún así gana la certeza de estar vivo y poder cambiar. 

Es grande porque adentro, bien adentro de su mirada sabe a dónde va. 

Es inmenso porque cree en quién es, mas allá de quién sea. 

Es grande porque sabe amar, y deja que lo amen. 

Amo a mi papá porque es mi papá, pero sobre todo porque lo es de una manera maravillosa.