Se deslizó y sus pies besaron lentamente el suelo por dieciséis segundos. Su cuerpo cubierto de flores y sombra empezó a deshojarse como los pétalos de una de las rosas que traía puestas.
No pude ver sus ojos, parecía no tenerlos, o no traerlos consigo aquella vez.
Sus dedos lánguidos como espadas flotaron cortando el aire, dibujando el viento. Su alma se llenaba de cielo mientras su piel cansada pedía dormir.
Comenzó a quitarse poco a poco sus velos, y a ponerse como vestido el misterio. Saco del fondo de su cuerpo sus ojos, y se los puso... descansó sus pies y se dejo llevar.
Poco a poco encontre su música, la hacía con sus manos, la adornaba con su respiración.
No me hizo falta saber su nombre, sus caderas lo decían todo... sus lineas, sus curvas, parecían sentir físicamente la distancia, la volvía intensa el sentirse incompleta, su suspiro llenaba un recuerdo, su llanto invisible regalaba su dolor.
No quise saber su nombre,yo nada podría haber cambiado, sus alas ya estaban rotas, su piel incinerada, sus manos húmedas.
Se sabía hermosa de todas formas, sabía que sus ojos (cuando los traía puestos) podían cegarte después de un rato.
Parecía por si misma no tener sentido.
Quise llorar, romperme, mirar hondo, tanto como pueda, por mas que me duela, por mas que me arda.
Su voz empezó a escucharse desde el silencio hasta sonar muy fuerte. Sus ojos encontraron un motivo allá lejos. Se supo inquieta, se supo fuerte, se encontró despertando después de un rato de sueños. Su piel comenzó entonces a cubrirse con su pelo, largo pelo negro que se confundía con su cansancio. Su velo ya no era el mismo, su sangre estaba aliviada.
Tomó con sus nuevas manos sus dos alas rotas y pude ver como de a poco volvía a ponerlas en su espalda. Besó sus pies, respiro todo el aire que la rodeaba, secó su llanto, escondió su rostro, peinó el piso, y volvió a ser noche.
(( A Berenice, de quien después de escribirla conocí su nombre.))
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