De barrö eran tus bellos cadáveres,
obscuros, dulces y a veces amables
de día venían pronto a buscarme,
vistiendo sus galas de piel ondante.
De barro han sido tus labios parlantes,
de besos de fuego y aguas danzantes,
de dulces bocas proberbios secuaces,
de bella durmiente y lobos de mares.
De barro fueron mis noches de Dante
de soles, lunas y estrellas fugaces,
que saberte lejos todo lo siente,
que desearte cerca todo lo vale.
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