martes, 21 de agosto de 2012

DE DONDE VENGO

Vengo del fuego vespertino de la madrugada 
que se comporta absolutamente inoportuna, sobre todo los sábados. 
Donde el aire sopla fuerte y tiene olor a madera. 
Vengo del arroyo de agua seca, de piedras amontonadas, 
de poca lluvia, donde las nubes se acomodan suavemente 
para entretener la mirada formando florecitas y peces imaginarios. 
Vengo de pisar piso de tierra, de armar la casa, de contar la espera.  
De una ciudad con alma de pueblo,  de acostarme en el pasto, 
de mirar para arriba, de cocinar tardes enteras,
 esperando que las galletas de limón que hago se parezcan a las de mi abuela, 
pero no… no se acercan ni un poco.
Vengo de escuchar el silencio, el zumbar de la montaña, el caer de la tarde,
 el crujir de las hojas secas que quedan en el borde de la escalera. 
Vengo de andar descalza, de pasar la noche,
 de reírme hasta que me duela la panza, de aguantar la respiración, 
de contar los días del mes con los nudillos, 
de hacer cuentas, de dar vueltas, de dejar de fumar.

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